Dormir es uno de mis máximos placeres. Es el momento del día en que me relajo, me desconecto de todo y puedo soñar libremente. Entonces, mi cama se trasnsformsa en el rinconcito de mi hogar donde me siento tranquila y puedo dejar volar mi imaginación.
Debe ser por esto que siento que el peor sonido que existe es el del despertador, sobre todo cuando hace frío y daría mi vida por seguir durmiendo. Tanta es mi afición por dormir que puedo tener conversaciones de cinco minutos por teléfono y mi mente sigue durmiendo.
Gracias a Dios mi mamá me inculco una cuota de espíritu de responsabilidad, sino jamás llegaría a clases o a trabajar.